Momentos(II): Sacarse el cinto...

Autor: Bilbo.
Continuando con la serie que inicié hace unos días, hoy quiero hablaros de un momento lleno de connotaciones, excitante y amenazante a la vez, un momento de tensión que hace aflorar sensaciones tanto en la spankee como en el spanker: el momento de sacarse el cinto.
Este acto pierde toda su magia y su fuerza si se realiza de modo precipitado, demasiado pronto, o si no se acompaña de otras acciones, frases, movimientos... que aumenten su fuerza. Posiblemente el spanker, si la spankee puede verlo, ya lleve un rato pasándose la mano por la hebilla, o simplemente sujetándola mientras camina, lo que habrá contribuido a llamar la atención de ésta sobre el objeto e, involuntariamente, a imaginar las consecuencias.
Si, por el contrario, la spankee se encuentra de espaldas, o quizá ya ha sido obligada a adoptar la posición, entonces debemos tratar de realzar los sonidos que produce el cinto mientras es liberado. Combinados con los que producen nuestros pasos y con la indudable incertidumbre que conlleva el "oír" pero no "ver" la escena, el proceso sitúa, con toda seguridad a la spankee en un estado mezcla de deseo y temor, cargado de provocación.
Cuando se tira de la punta del cinto para liberarlo de la traba que lo sujeta, éste suele volver hacia atrás, y golpea el dorso de la mano que lo extrae con un chasquido inconfundible. Incluso si la spankee está observando la escena, ese sonido "despierta" en el sujeto de nuestro castigo la inconfundible sensación de saberse condenada al castigo de manera cierta. Antes de oírlo, se encuentra en un limbo de duda que queda despejada en ese instante. El suave deslizar del cuero por la cintura del pantalón hasta que se cimbrea, ya libre, pendiendo de nuestra mano no hace sino venir a reforzar el temor que se acumula.
Las frases de enojo o de amenaza que el spanker emplea, hábilmente distribuidas a lo largo del proceso (ahora vas a ver..., no sé que te has creído..., voy a darte una azotaina con el cinto que no olvidarás jamás...), no harán sino multiplicar las sensaciones para los dos.
Si hemos instruido a la spankee para que adopte su posición de castigo pero aún no ha comenzado éste, igualmente puede seguirse el ritual del cinto y, después, abandonarlo sobre una cama, o sobre la mesa, preferentemente en un lugar donde ella pueda verlo, pues quizá el spanker ya ha decidido que el castigo comenzará con una larga tanda de azotes con la mano. Esto abre la posibilidad a otro nuevo momento mágico, como es el de tomar de nuevo el cinto en nuestras manos.
El cinto y el spanker interpretan una danza cuya coreografía finaliza doblando el instrumento y sujetándolo en la mano, dejando que se balancee, provocativo. Cabe la posibilidad de que la spankee pueda ver, sobre la pared, las sombras de ambos y este paso final es el preludio del siguiente movimiento del ballet, que se interpretará en breve sobre su trasero.

Autor: BilboSpank.