
Autora: María Paula.
Recorriendo foros, blogs y páginas relacionadas con el mundo spanko, he encontrado numerosos comentarios que sostienen la idea de que la disciplina doméstica es en realidad una falsa disciplina pues comoa la spankee le gusta que la azoten, entonces se portará mal para recibir lo que en realidad se muere por recibir. Si bien esta idea encierra una verdad ('a la spankee le gusta que la azoten') no es cierto que la DD no sea eficiente y discipline a la spankee. Sin ir mas lejos yo puedo dar cuenta de como cuando no practicaba la DD hice los dos primeros años lectivos de mi carrera profesional en la prolongada suma de 5 años, mientras que una vez que me casé y mi marido me puso los puntos sobre las íes (y/o los tildes como en este caso) cursé los 3 años restantes en la módica suma... de.. ¡tres años!
No pretendo escribir el manual de la correcta disciplina doméstica. Pero se me ocurre que por lo menos puedo explicar porque funciona ennuestra parejay que, si bien en algunos casos alguien puede vivirla como una fantasía y un juego para ganarse unos lindos azotes eróticos, la disciplina doméstica es eso: una forma de disciplinar a uno de los componentes de la pareja para que no cometa errores e irresponsabilidades que a la larga o a la corta desarmonicen la vida conyugal. Creo que cuandouna parejatoma la decisión de mantener una relación de disciplina doméstica deben quedar en claro unas cuantas cosas. La primera es obvia y nunca está demás repetirla: debe haber consenso, absoluto acuerdo entre los integrantes de la pareja acerca de cuales serán las faltas a castigar y cómo. Ejemplos. Aunque a mi esposo Marcos le gustaría azotarme cada vez que prendo un cigarrillo, acordamos que eso no era parte de una falta castigable pues es una adicción (fea y que me hace mal, lo reconozco, pero adicción al fin) y los azotes no me van a sacar la nicotina del cuerpo, sólo lo podrá hacer mi fuerza de voluntad que para esto es casi nula (ya veré en el futuro cómo soluciono el problema, pero seguramente no será por medio de palizas). Sí debo evitar fumar en su presencia o por lo menos en la casa para evitar los olores desagradables; salgo a fumar afuera al patio. Y, detalle intersante, nunca fui castigada por romper esta regla. Otro.
He leído varios relatos en que maridos severos castigan a sus esposas en ocasiones en las que rompen accidentalmente una taza o algo por el estilo. Acordamos que en nuestra pareja eso no es castigable. Es un accidente y punto. Nada ganamos ni evitamos futuros accidentes de esta manera. El acuerdo pasa por corregirme ciertos defectos 'GRANDES' que si aparecen con el ritmo que suelen/solían aparecer, pueden provocar disgustos, tensiones y problemas varios en nuestra convivencia. Hablé antes de cómo sin DD tardaba mucho en aprobar mis materias y los años pasaban, las personas que habían empezado estudiando conmigo se recibían y yo todavía estaba estudiando materias de segundo año. Ese es uno de mis principales defectos. La palabra técnica es procastinación que en criollo significa: 'una exacerbada tendencia a dejar para más adelante lo que se puede hacer hoy'. Soy muy vaga, me gusta sentarme a leer, escuchar música, ver películas (soy cinéfila); o regar las plantas y otros menesteres entretenidos como jugar con el gato.
Todo lo que sea trabajo, responsabilidad, cumplir horarios y metas, me resulta muy difícil. Esto me trajo siempre muchos problemas desde muy pequeña y me gustaría (y me conviene) corregirlo. Así que cuando yo no cumplo con alguna de mis responsabilidades o me meto en problemas por hacer las cosas rápido y mal, soy castigada. ¿He mejorado a través de los azotes recibidos? Sí. ¿Completamente? No, pero cada vez recibo menos palizas por ese motivo. Realmente tuve una época en que las recibía casi a diario. El castigo y/o el miedo al castigo funcionó. La diferencia con los azotes juguetones y eróticos es notable. Cuando me da nalgadas como juego previo al sexo, además del placer de la nalgada que se convierte en placer sexual en una spankee, sé que en el corto plazo recibiré el placer de 'hacer el amor' y que de alguna manera ya he empezado a hacer el amor. Pero cuando soy azotada con el cinturón porque cometí una falta, sé que en el corto plazo estaré desnuda en el rincón, mirando la pared con mis manos en la nuca, sollozando, sintiéndome culpable y avergonzada y mostrando mi culo rayado por los lonjazos mientras escucho las últimas recriminaciones que me recuerdan el mal que he hecho y los problemas que he causado.
Me gustaría terminar con la narración las últimas palizas recibidas porque sé que a la mayoría es la parte que más les gusta. Hace unos meses nos mudamos y la tarea de desarmar la casa estuvo a cargo de los dos (él se tomo unos días en el trabajo para este menester). Bajo su supervisión funciono muy bien y fui de gran ayuda. Pero la tarea de vaciar las cajas y acomodar todo en la casa nueva debía correr sólo por mi cuenta. Desde entrada me parecía una tarea titánica y dificilísima para mi mente con cero capacidad de organización. Así que el primer día, no pude hacer nada; además recibí la 'colaboración' de parientes y amigos que venían a 'chusmear' la casa nueva y a 'ayudar' y lo que menos hacían era eso. Así que esa noche recibí mis nalgadas sobre las rodillas y no hubo tiempo para más. Al otro día ocurrió la misma cosa así que esa noche recibí una buena con el cinto. Ustedes creerán que la tercera es la vencida pero no.
Al día siguiente empecé con todo pero a medida que abría cajasla cosa se me ponía más caótica y no sabía como seguir. El resultado es que esa noche recibí una paliza con la cane (estaba realmente enojado esta vez). Les confieso que desde el primer azote (o incluso antes mientras me desnudaba) supe que al otro día iba a hacer todo bien. El 'conocimiento' de como debían hacerse las cosasme cayó del cielo de pronto, jeje. Lo hice tan bien que recibí sus más sinceras felicitaciones, muchos besos y caricias y esa noche hicimos el amor por primera vez en nuestra casa nueva, limpita y ordenada. Más claro, echale agua.
servido por losmundosdespankee
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Autor: María Paula.
Yo era una chica de 32 años que siempre había fantaseado con que un hombre me pusiera sobre sus rodillas y me diera una paliza. Sin embargo jamás le comenté esto a nadie. Sólo rondaba en mi cabeza y ni siquiera imaginaba que el mundo spanko era tan grande. Llevaba casi un año sin tener relaciones sexuales desde que me había peleado con mi último novio hasta que un día conocí a Marcos. Me gustaba mucho, era (es) muy viril y muy inteligente, salimos un par de veces y en la tercera lo invité a mi casa. Llevábamos un buen rato en el sofá, besándonos. Yo estaba muy excitada y deseosa de ser penetrada pero Marcos se demoraba en los juegos previos. Me había pasado la mano bajo la blusa y bajo las polleras y yo había puesto mi mano en su bragueta. En esos momentos me vino a la mente una sensación que ya había sentido antes. Pensé que pronto llegaría el momento en que me iba a desnudar por primera vez delante de él y siempre el primer desnudo ante alguien me causa cierta vergüenza. Como Marcos no daba señales de querer desnudarme decidí, para estimularlo, sacar su pene de su bragueta y hacerle sexo oral (sí, esto me da menos vergüenza que la sensación de que me vean desnuda).
Cuando me agaché para comenzar ocurrió algo inesperado. En un rápido movimiento me colocó sobres sus rodillas y diciéndome "así que sos bastante degeneradita, mirá vos, hay que calmarte un poco", me dio tres nalgadas. Yo estaba emocionadísima y como vio que no opuse resistencia me bajó las bombachas y me dio unas nalgadas más fuertes y continuó haciéndolo por un rato. Imagínense mis sensaciones: excitada y con ganas y necesidad de tener relaciones sexuales, mi fantasía cumpliéndose inesperadamente (y el hecho de que sea inesperada lo hacía más emocionante), me dolían las nalgas pero me gustaba que me dolieran, daba unos grititos de dolor y me movía oponiendo resistencia pero quería quedarme allí bajo esas manos poderosas y me encantaba esa contradicción; pero la frutilla del postre era que sentía mucha vergüenza.
Un hombre al que sólo había visto tres veces me estaba dando una paliza en sus rodillas, un hombre al que yo deseaba sexualmente y que me estaba excitando cada vez más por el simple hecho de hacerme arder las nalgas. Mi cola y mi sexo estaban allí, expuestos a su vista y eso no había ocurrido en un acto voluntario mío y además sabía y sentía que su fuerza era superior a la mía y no podía evitarlo aunque quisiera y esa sensación de estar dominada, dependiendo de su voluntad me avergonzaba. Luego tuve la relación sexual más maravillosa que había tenido en mi vida y continuamos como novios durante dos años e incluíamos siempre el spanking como práctica erótica. La vergüenza desapareció prácticamente a partir de la segunda experiencia y siempre lamenté su pérdida como un elemento altamente erótico. Sin embargo el destino me tendría una sorpresa.
Un día Marcos me propuso matrimonio y yo acepté encantada. Pero no sólo eso, sino que me propuso que viviéramos el matrimonio en una relación de Disciplina Doméstica. Otro día, en otro post, me dedicaré más a fondo a este tema. Por ahora digamos que básicamente acepté que en nuestro matrimonio el manda y yo obedezco y que, además del spanking erótico que nos gustaba practicar el me castigaría cada vez que lo desobedeciera o cometiera una falta grave dentro de un grupo de faltas que consensuamos.
Entonces llegó el día que recibí mi primer paliza, esta vez como un castigo por desobedecerlo y no como juego previo a la relación sexual. Me dio que me bajara los pantalones y la bombacha y apoyara las manos sobre la mesa. Ahí volvió la ya casi olvidada sensación de vergüenza porque el hecho de que el me ordenara desnudarme para castigarme cambiaba mucho las cosas. Yo colaboraba con mi propio castigo, con mi propio dolor, indefensa ante su dominio. Se sacó el cinturón y comenzó a azotarme mientras me regañaba por mi falta. Traten de entender mis sensaciones ahora. El dolor era mucho más intenso que el que yo conocía, no estaba en una posición cómoda como la OTK, mientras me azotaba me recordaba mi falta y todas las consecuencias negativas que de ella habían derivado y esto me hacía sentir culpable, me gustaba el dolor pero subía en intensidad y me daban ganas de correrme de ese lugar pero ya me había advertido que eso sólo empeoraría las cosas, así que el miedo a recibir más azotes me hacía quedarme en mi lugar lo cual me dejaba en una posición de sumisión que nunca había experimentado antes y eso me avergonzaba.
Aumentaba mi vergüenza el saber que eso no era un juego erótico que culminaría en placeres y orgasmos; simplemente mi esposo me estaba azotando porque lo había desobedecido. Aquí también hubo frutilla del postre.
Cuando terminó me hizo arrodillarme en un rincón, con las manos en la nuca, mirando hacia la pared y me dejo allí durante media hora. Mi vergüenza llegó al máximo. Esa fue la primera paliza como castigo dentro de mi relación DD y, aunque siempre que recibo mi merecido siento un poco de vergüenza, nunca más volví a experimentar tal intensidad y nuevamente sentí que había perdido algo esencial y placentero que no se repetiría jamás. Nuevamente el hado me daría una sorpresa. Hace unos meses Marcos me dio una buena tunda por una falta gravísima. Así que esta vez recibí los azotes de la cane (reservada para los castigos severos y con la que tiemblo sólo de que me la nombren). Como siempre me envió al rincón en la humillante posición que describí anteriormente. Estaba en nuestra habitación cuya puerta da a la sala de estar por la que se llega por un pasillo el cual tiene a la izquierda una puerta que da a la cocina y desemboca en la puerta de salida. De modo que si alguien pasara caminando por la sala de estar me vería desnuda y con la cola marcada y sollozando además a moco tendido (les digo que esa vez el castigo fue muy severo). Llevaba unos 5 minutos en el rincón cuando sonó el timbre. Marcos atendió y escuché que era el plomero que venía a pasar un presupuesto para arreglar un problema de humedad que había en la cocina.
Yo escuchaba sus voces y repentinamente se me ocurrió la horrible idea de que por alguna razón el plomero podía pasar por la sala y verme desnuda y azotada. Casi en ese mismo instante en que lo acababa de pensar oigo la voz de Marcos que dice "tengo miedo de que se extienda hasta la sala", y el plomero que dice "¿Por qué? ¿Tiene algún problema allí?" Entonces una vez más la sensación de una profunda vergüenza me invadió. No sabía qué hacer. Si corría a cerrar la puerta Marcos podría volver a azotarme por no mantener mi posición, pero si pasaban por allí la vergüenza me resultaría intolerable y, aunque fueron sólo unos segundos y finalmente no pasó nada, volví a sentir a mi vieja amiga la vergüenza intensa. ¿Me tendrán los dioses reservada otra cuota o esta vez, definitivamente, la perdí para siempre?
servido por losmundosdespankee
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Autor: María José.
Uno de mis grandes defectos, lo confieso, es el de la impuntualidad. Por mucho que lo intento, por mucho que me lo propongo, casi siempre llego tarde, salvo raras excepciones. Y no solo llego tarde a citas, al trabajo, a cosas cotidianas, si no que tengo la sensación de que en mi vida también llego tarde siempre, incluso al spanking, y de eso quería hablar….
Como fantasía que ha sido durante toda mi vida, no me plantee nunca llevarla a cabo, hasta que llego el momento en que por alguna razón, un arrebato o no se por que, me atreví a conocer mas cosas y desde mas cerca. No sabia lo que quería, ni lo que buscaba ni tampoco lo que me encontraría, pero no tarde mucho en descubrirlo de la mano de alguien que supo guiarme, llevarme, dirigirme y enseñarme. Y a la vez, también pude ver que cada uno de los que formamos este mundo, lo entendemos de una manera, de una forma. Y algo que en principio fue fantasía, que después se hizo realidad, ahora forma una parte de mi tan definida, tan clara, que si tuviera que definirme en alguna ocasión y el adjetivo spankee formaría parte de ella, junto con morena/rubia, alta/baja, etc., etc.….
Al principio, supongo que como todos, tenia muchas dudas, me hacia verdaderos líos con lo que sentía, con lo que deseaba, si debía ser así, si era normal o no (en el sentido de cómo yo lo vivía y como lo percibía). Leía que era un juego, y como tal lo vi en primer termino, pero después……. Dejo de ser juego para convertirse en algo mas, algo que me llenaba, que me hacia sentir muy bien, y que sin haber habido ninguna sesión de por medio aun, el solo hecho de sentirme guiada, regañada muchas veces, “vigilada” y sobre todo cuidada, eran lo que me llenaban realmente, lo que me permitía sentir de una forma totalmente distinta a como me había sentido jamás. Luego si vinieron algunas sesiones, que terminaron de convencerme que eso era lo que yo quería, lo que deseaba y lo que necesitaba.
Dejar a un lado mi realidad cotidiana, mi “valentía” para afrontar y resolver problemas, dejar a un lado mi madurez adulta, mis facetas de persona responsable y autosuficiente, y dejarme llevar a esa otra zona tan olvidada, tan ignorada de la “niñez perdida”; llegar a esa zona donde te sientes vulnerable, sensible, indefensa, pero a la vez protegida, cuidada, mimada y también querida………
Ahora las cosas han cambiado, esa relación cambio. Conservo lo mejor de ella: la amistad, la confianza, la seguridad en esa persona y sobre todo conservo a esa persona que es lo que realmente me importaba de esa relación, aunque ya no sea lo mismo, pero lo importante si que queda.
Pero volviendo al principio de este rollo, tipo confesión, a lo de mi defecto de llegar siempre tarde a todas partes, siento que he llegado tarde también al spanking, por mi forma de sentirlo, por mi forma de verlo, por mi forma de entenderlo, porque mi edad juega en mi contra, porque se me acaba el tiempo y es muy difícil coincidir que alguien que lo vea como yo, que lo sienta como yo, y que coincidamos. La edad, la experiencia que te da la edad, es buena siempre; pero a veces también es un lastre: te hace ver las cosas tan claras, te hacer saber tan bien lo que no quieres y lo que quieres, te hace tener los pies siempre en la tierra, que muchas veces tu propia realidad se hace dolorosa por lo evidente que es.
Difícilmente esa niña perdida que hay en mi volverá a salir, volverá a “vivir”, se quedara conmigo siempre, oculta, acompañándome durante el resto de mi vida, mientras sigo siendo spankee, mientras sigo sintiéndome spankee, aunque sea una spankee de salón, como los toreros que lo viven, que lo sienten, pero que no logran jamás verse en el ruedo, por miles de razones, pero sintiéndose tan toreros como el que mas……
servido por losmundosdespankee
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