Spankee de salón...

Autor: María José.
Uno de mis grandes defectos, lo confieso, es el de la impuntualidad. Por mucho que lo intento, por mucho que me lo propongo, casi siempre llego tarde, salvo raras excepciones. Y no solo llego tarde a citas, al trabajo, a cosas cotidianas, si no que tengo la sensación de que en mi vida también llego tarde siempre, incluso al spanking, y de eso quería hablar….
Como fantasía que ha sido durante toda mi vida, no me plantee nunca llevarla a cabo, hasta que llego el momento en que por alguna razón, un arrebato o no se por que, me atreví a conocer mas cosas y desde mas cerca. No sabia lo que quería, ni lo que buscaba ni tampoco lo que me encontraría, pero no tarde mucho en descubrirlo de la mano de alguien que supo guiarme, llevarme, dirigirme y enseñarme. Y a la vez, también pude ver que cada uno de los que formamos este mundo, lo entendemos de una manera, de una forma. Y algo que en principio fue fantasía, que después se hizo realidad, ahora forma una parte de mi tan definida, tan clara, que si tuviera que definirme en alguna ocasión y el adjetivo spankee formaría parte de ella, junto con morena/rubia, alta/baja, etc., etc.….
Al principio, supongo que como todos, tenia muchas dudas, me hacia verdaderos líos con lo que sentía, con lo que deseaba, si debía ser así, si era normal o no (en el sentido de cómo yo lo vivía y como lo percibía). Leía que era un juego, y como tal lo vi en primer termino, pero después……. Dejo de ser juego para convertirse en algo mas, algo que me llenaba, que me hacia sentir muy bien, y que sin haber habido ninguna sesión de por medio aun, el solo hecho de sentirme guiada, regañada muchas veces, “vigilada” y sobre todo cuidada, eran lo que me llenaban realmente, lo que me permitía sentir de una forma totalmente distinta a como me había sentido jamás. Luego si vinieron algunas sesiones, que terminaron de convencerme que eso era lo que yo quería, lo que deseaba y lo que necesitaba.
Dejar a un lado mi realidad cotidiana, mi “valentía” para afrontar y resolver problemas, dejar a un lado mi madurez adulta, mis facetas de persona responsable y autosuficiente, y dejarme llevar a esa otra zona tan olvidada, tan ignorada de la “niñez perdida”; llegar a esa zona donde te sientes vulnerable, sensible, indefensa, pero a la vez protegida, cuidada, mimada y también querida………
Ahora las cosas han cambiado, esa relación cambio. Conservo lo mejor de ella: la amistad, la confianza, la seguridad en esa persona y sobre todo conservo a esa persona que es lo que realmente me importaba de esa relación, aunque ya no sea lo mismo, pero lo importante si que queda.
Pero volviendo al principio de este rollo, tipo confesión, a lo de mi defecto de llegar siempre tarde a todas partes, siento que he llegado tarde también al spanking, por mi forma de sentirlo, por mi forma de verlo, por mi forma de entenderlo, porque mi edad juega en mi contra, porque se me acaba el tiempo y es muy difícil coincidir que alguien que lo vea como yo, que lo sienta como yo, y que coincidamos. La edad, la experiencia que te da la edad, es buena siempre; pero a veces también es un lastre: te hace ver las cosas tan claras, te hacer saber tan bien lo que no quieres y lo que quieres, te hace tener los pies siempre en la tierra, que muchas veces tu propia realidad se hace dolorosa por lo evidente que es.
Difícilmente esa niña perdida que hay en mi volverá a salir, volverá a “vivir”, se quedara conmigo siempre, oculta, acompañándome durante el resto de mi vida, mientras sigo siendo spankee, mientras sigo sintiéndome spankee, aunque sea una spankee de salón, como los toreros que lo viven, que lo sienten, pero que no logran jamás verse en el ruedo, por miles de razones, pero sintiéndose tan toreros como el que mas……




hache dijo
No sé cuando descubriste esto ¿fué hace mucho tiempo? ¿no fue hace tanto? Si no era tarde antes por qué lo va a ser ahora.
Nunca es demasiado tarde y como esta frase es una frase hecha, la adapto: Creo que en las fantasías y en los deseos siempre estan dando las cinco de la tarde, asi que puedes saltar al ruedo cada vez que te apetezca torear. (Salió una chorrada... la cosa es que nunca deberiamos renunciar a nada y mucho menos a nosotros mismos)
No sé, pero de corazón: ojalá no escondas tu esencia nunca y ojalá no le apagues la luz a esa niña que va contigo.
5 Mayo 2007 | 02:41 PM