La montaña rusa
Autor: María José.
Supongo que todos alguna vez hemos subido a una montaña rusa, ¿verdad?. La vemos desde lejos, nos impresiona un poco, y cuando nos acercamos a ella esa sensación se incrementa; pero nos atrae, nos llama, y las ganas de subir a ella se hacen mucho mayores. Y sacamos los tikects, e intentamos buscar el mejor sitio, el que pensamos que nos va a producir mayores sensaciones, subimos……. Y ya no hay vuelta atrás.
Buscamos, como no, compartir esos momentos con alguien que sienta esas mismas cosas, que le atraiga lo mismo que a ti, o al menos, que creamos que va a sentir de igual manera, por que no es lo mismo ni vamos a disfrutar igual, si subimos con una persona que no sienta ese miedo ni ese nerviosismo al enfrentarse a esa montaña rusa.
La subida es lenta, nos da tiempo a pensar si habremos hecho lo correcto, vemos como el suelo se va alejando de nuestros pies y miramos hacia arriba sabiendo que lo que nos espera a partir de ahí será emocionante, inesperado, nos produce miedo, pero un miedo excitante que nos mantiene en tensión, que nos atrae de una forma que no podemos evitarlo, nos llama…. Y sabemos que ya no podemos escapar de allí.
Llega la primera bajada, …… se apodera de nosotros el miedo, la excitación, el vértigo, las ganas de salir de allí corriendo, pero hay algo que te atrae al mismo tiempo, que te deja allí pegada sin remedio: esas sensaciones fuertes, esas descargas de adrenalina….. y subimos, y bajamos ya sin remedio, dejándonos llevar, abandonándonos a esas sensaciones tan fuertes y tan intensas que nos impiden hasta pensar, solo sentir….. el estomago lleno de mariposas, mirando pero sin ver, porque somos ya incapaces de ver nada, de anticiparnos siquiera a lo que una nueva subida o bajada nos hará sentir, por que las sensaciones son continuas, no nos dan tregua: la velocidad crece, tus sensaciones son….. indescriptibles ya en ese momento; giros, vueltas, más subidas, más bajadas, y el abandono total a esas sensaciones tan fuertes, tan intensas, tan inesperadas y a la vez tan buscadas.
Después, poquito a poco, te vas acercando al suelo, sin tener aun conciencia de ello, por que aun tu mente y tu cuerpo disfrutan de esa sensación de vértigo y placer que has sentido allí, y pones los pies en la tierra medio aturdida, sonriendo, feliz……
Y pasas un tiempo con esa sensación en la mente medio de placer, medio de vacío, plena de sensaciones; con tu cuerpo flojo, a veces dolorido también, pero eso no importa lo mas mínimo, …… es el precio pequeño precio que se tiene que pagar por esos momentos intensos, y que te permite recordar lo que has sentido.
Poco a poco vas recuperándote, sabiendo a ciencia cierta que a la menor oportunidad volverás a hacerlo, que es algo que te atrae, que te produce esas sensaciones tan fuertes, tan intensas que no podrás pasar sin ellas…….. Y buscas de nuevo la complicidad con esa persona, y la provocas hasta que cede y decide subir contigo de nuevo otra vez, y vuelves a sentir lo mismo, o mas incluso….. por que ya sabes lo que vas a sentir e incluso te permites abandonarte mas a todas esas sensaciones, a disfrutarlas mas, a dejarte llevar mucho mas…..
¿Habéis sentido todo esto alguna vez? Confieso que pocas veces he subido a una montaña rusa, y que cuando bajaba de ella me prometía una y otra vez que jamás volvería a subir, pero lo hacia siempre que tenia ocasión.
Ahora no hay montañas rusas por aquí, sin embargo si he descubierto que esas mismas sensaciones son las que me produce el spanking………. ¿A vosotros también?



selene35 dijo
Creo que es una de las descripciones más acertadas sobre la sensación que se tiene ante una sesión. Me encanta ese lento subir, mirando el paisaje... pero las bajadas son demasiado vertiginosas, apenas eres consciente de ellas y el cosquilleo en el estómago... uffff es realmente increíble como nos gusta disfrutar estos vértigos tan extremos una y otra vez y decir siempre que es la última sabiendo que no podemos evitar subir "al menos una vez más".
Besitos wapa.
29 Mayo 2007 | 10:10 AM